Tevez o Zárate: la gran decisión de Guillermo.

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“Si yo tengo pastas en el plato, no pido pastas de nuevo”. Con esa figura Carlos Bianchi desechaba la contratación de Ever Banega en febrero de 2014. El jugador salía del Valencia buscando una vidriera donde mostrarse para llegar a tono al Mundial de Brasil, y había ofrecido sus servicios en Boca, club que lo vio nacer y luego vendió en millones. Jerarquía, talento y el plus de conocer los colores. Todo eso reunía Banega y sin embargo el Virrey no lo admitió en su plantel. La razón fue que ya gozaba de todas esas cualidades en otro jugador: Fernando Gago.

A Guillermo Barros Schelotto, sin embargo, la porción de su plato no lo satisface: teniendo a disposición a Carlos Tevez convenció a Mauro Zárate de firmar en Brandsen 805. Ahora, las pastas colmaron el plato. La pretemporada en Estados Unidos seguramente le sirva al DT para evaluar presentes y terminar de inclinar su decisión, si es que aún no lo hizo. Pero está claro que ambos son mediapuntas y juntarlos en un equipo forzará a que alguno pierda un poco de su naturaleza. La única posibilidad factible de juntar a Tevez con Zárate es que alguno sea la referencia de área y que el otro arranque desde atrás. Esta decisión deriva en otra que, en la previa, es casi inadmisible: sentar a Benedetto en el banco de los suplentes.

Carlitos dijo hasta por megáfonos que no se halla muy a gusto en la posición de nueve, que su lugar favorito es lejos de los centrales rivales. Guillermo, entendiendo que el mejor provecho del ídolo lo obtiene donde éste juega más cómodo, terminó haciéndole caso y lo sacó del área. En los últimos partidos Boca formó su ataque con Pavón y Wanchope, y Tevez atrás. Está claro que los retornos de Gago y Benedetto obligarán a Schelotto a reacomodar las piezas de cara a los octavos de la Copa. Analicemos las variantes:

En un 4-3-3. Todo indica que Gago y Barrios tendrán su lugar, entonces quedará un espacio para tres apellidos: Pablo Pérez, Nández o Reynoso. Por lógica, el lugar sería de Pérez, aunque no es descabellado pensar en Nández por su intensidad. Arriba, dos que se imponen son Pavón y Benedetto. Pero acá esta el conflicto: sin las trepadas de Fabra -lesionado- el equipo perderá desborde y sorpresa por ese costado. En el caso de Zárate, sería un desperdicio privarlo de tener el arco de frente y otorgarle un ida y vuelta que le quitara su esencia. Tampoco Tevez se luce apareciendo desde ahí, aunque su irregularidad puede llevar al DT a seguir rotándolo de ubicación. Cardona es la opción más viable, no por el desgaste sino porque puede aportar esos destellos -pelota parada, pase gol o arranques de izquierda al medio- que fueron útiles en el Boca anterior. Y además el colombiano adquirió la gimnasia de colaborar en los retrocesos.

Si fuera un 4-2-3-1, los que compongan el doble comando del medio serán Gago y Barrios. Delante de ellos, abiertos a los costados, Pavón y Cardona. Como referencia de área, Benedetto. Y detrás, para servir el juego y conectar el medio con los últimos metros, la gran pulseada: Tevez o Zárate.

Guillermo está por afrontar su momento más decisivo desde que es entrenador: administrar la abundancia de un plantel que reúne inmensa jerarquía, como nunca antes, y tomar decisiones que tendrán un precio. Todo esto previo a jugar los octavos de final de la gran obsesión que es la Copa Libertadores. Tenía pastas en el plato y quiso más. Llegará el momento de elegir su primer bocado y, para eso, descartar otro.

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