Y se viene la Libertadores

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Matías Russo analiza lo que fue la derrota de Boca en la Supercopa Argentina, a manos de River. 

En estos partidos herméticos al contexto, Boca no pudo exponer su chapa de líder en el fútbol local.

Boca, que contabiliza los días acumulados en lo más alto de la Superliga, sigue sin poder sumar un par de partidos bien jugados y, lo preocupante, sin saber actuar en los duelos chivos.

Ayer River apeló a la receta ideal para complicar al equipo de Guillermo, esa que habían usado Central y Argentinos, por ejemplo.

River lo apuró a Boca, lo presionó, aprovechó sus ratos para cocinar el partido. Y Boca no encontró las herramientas.

Porque Tevez, ausente, fue incapaz de construir una jugada de ataque. Porque Pavón desbordó pero no gravitó. Porque a Cardona y Pablo Pérez, que la pidieron siempre y nunca se escondieron, les faltó gente para asociarse.

Guillermo se quedó sin palabras desde el banco, no tuvo reacción. Lo puso a Wanchope pero el ánimo de Boca ya estaba bastardeado.

El xeneize atacó y llegó, Armani fue de lo mejor, pero a Guillermo se le escapó otra final.

Este partido le convenía a River para salir de la crisis y bancar a Gallardo. Esta final perdida obliga a Boca a seguir sin margen de error en la Copa Libertadores.

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