Un equipo que se afianza

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En la atmósfera del fútbol sobrevuelan ciertas concepciones que, a veces, carecen de criterio y, sin embargo, las repetimos. Una de ellas indica que hay partidos que deben ganarse como sea, sin importar las maneras o los métodos. El contexto y los objetivos a largo plazo te obligan a vencer.
Entonces, el choque ante Lanús, por los octavos de final de la Copa Argentina, Boca tenía que ganarlo para aspirar a quedarse con dicha competición y porque, además, es la llave directa a la participación en la próxima Libertadores. Y lo hizo. Tal vez sin brillar, sin desplegar el funcionamiento ideal, pero lo ganó, desde los peales, y pasó de ronda.
El equipo venía de golear a Quilmes por el campeonato local en la tarde soñada de Benedetto, que metió tres y le devolvió a Guillermo la confianza de mantenerlo en el once titular. En ese partido el xeneize jugó bien en todas sus líneas, se mostró sólido y aceitado. Y, por sobre todas las cosas, demostró que supo adaptarse a la ausencia de su jugador más importante, Carlos Tevez.
Ante Lanús, en Mar del Plata, el rendimiento colectivo no fue el ideal pero se consiguió el objetivo de pasar de ronda. En los entrenamientos de la semana, Guillermo trata de inculcar en sus jugadores la idea de la intensidad y la velocidad a la hora de elaborar y definir jugadas. Es algo recurrente cuando se hacen trabajo en ofensiva. Y los goles ante el conjunto granate llegaron a través de estos métodos. En el primero Tevez juega rápido un
tiro libre cerca del mediocampo, se asocia con Centurión, éste encara y se la devuelve a Carlitos para la definición. Todo ocurrió en cuestión de segundos.
El 2-2 llegó también de una manera similar: Pérez recuperó desde el piso una pelota y Pavón encaró a todo ritmo por la derecha para colocar el balón en área contraria. Después de un taco de Benedetto, Carlitos la estrelló con la red. Goles made in Guillermo. Después, lo que se sabe: llegó la definición desde los doce pasos y Sara fue el héroe.
Boca está en cuartos de final de la Copa Argentina y da la sensación de que el equipo empieza a tomar cada vez más color. Que Pablo Pérez, el capitán con cinta a veces y sin cinta en otras ocasiones, alcanzó una regularidad interesantísima y es de esas piezas vitales en este Boca de Guillermo.
Porque recupera y aporta sacrificio a la hora de presionar, y juega y se asocia con todos para darle criterio a los ataques del equipo. Con el correr de los partidos, el xeneize logrará mejorar su nivel de juego hasta alcanzar el ideal de su entrenador. Por ahora el equipo va tomando color.

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